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“Un estudio elaborado por el Instituto Americano de Físicos de Emergencia en 2012 analizó los errores de interpretación que tuvieron consecuencias clínicas y constataron que el número de errores era significativamente más bajo entre los intérpretes profesionales que entre intérpretes ad hoc, un 12 por ciento frente a un 22 por ciento. Y entre los profesionales con más de 100 horas de práctica los errores caían hasta el 2 por ciento.

 

Interpretación médica

 

Sorprendente, sin duda. Ad hoc aquí significa novato e inexperto. En ciertos países como el Reino Unido y los Estados Unidos, la formación es una posibilidad para aquellos que cuentan con tiempo y dinero. ¿Qué debería abarcar esta formación si tenemos en cuenta que los estudiantes ya se desenvuelven como intérpretes generales?

 

  1. Terminología médica y fraseología. Es en lo que se piensa en primer lugar, pero hay mucho más de lo que a menudo se cree. Existen diferentes niveles de lenguaje médico. Existe el nivel técnico que utilizan entre sí los profesionales de la salud; después tenemos el nivel con el que acostumbran a comunicarse con personas que solo conocen un “registro” popular o no versados en el tema.

 

Tomemos el siguiente ejemplo:

 

Técnico: trombosis coronaria.

 

Popular: ataque al corazón.

 

No versados y niños: dolor fuerte en el pecho.

 

Los intérpretes expertos deberían conocer todos los registros y cómo utilizarlos. Muchas administraciones sanitarias locales publicaron glosarios en las lenguas más habladas en sus comunidades.

 

  1. Conocimiento básico de medicina, primeros auxilios y anatomía en ambas lenguas a nivel Wikipedia o cuidados básicos. Si el médico dice, “Creo que tiene el menisco roto. ¿Le duele?”, puede darse que el paciente no sepa dónde está el menisco, pero el intérprete sí tiene que saberlo.
  2. Tratar con personas (y consigo mismo) en circunstancias estresantes e incluso peligrosas. No hay que inquietar al paciente más de lo que ya está, al contrario; en ocasiones es el personal médico el propio problema porque no escuchan atentamente y con mente abierta, por ejemplo. Y, desde luego, el intérprete no puede desmallarse al ver sangre.
  3. Ética médica. El intérprete forma parte del equipo médico y tiene que respetar las mismas reglas que el resto, por ejemplo, saber qué o qué no se le puede contar a la familia del paciente.

 

Por lo tanto, lo ideal sería que la mayor parte de las interpretaciones las llevasen a cabo intérpretes formados y cualificados. Aun así existen varios matices. ¿Dónde encontrar los intérpretes que hablen los idiomas necesarios y cómo saber si están disponibles cuando y donde se les necesite?

 

Aquí es donde nos topamos con la realidad.

 

“Hace trece años, el estado de Oregón reconoció el problema y les pidió a médicos y hospitales que empezasen a utilizar intérpretes profesionales. La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud ha ampliado el tipo de materiales que los hospitales y aseguradores tienen que traducir para aquellas personas que no hablan inglés. Pero tras haber aprobado dicha ley hace más de una década, Oregón sigue teniendo problemas a la hora de proporcionarle a sus pacientes la interpretación médica que necesitan”.

 

“Eby [Helen Eby, una intérprete médica certificada en Oregón] dice que Oregón cuenta con unos 3500 intérpretes médicos [es decir, intérpretes que pueden actuar en tales situaciones], pero que sólo 100 de ellos cuentan con la cualificación oportuna. Es decir, hoy por hoy cuentas con un 3 por ciento de posibilidades de que te atienda un intérprete cualificado o certificado en Oregón, “dice que “En mi opinión las posibilidades son muy bajas”.

 

Esto sale en un artículo no sobre algún país subdesarrollado que carece de infraestructuras médicas, sino de un estado americano con un sistema sanitario altamente desarrollado.

 

Sabiendo que la situación no mejorará a corto plazo, soy partidario de la interpretación por teléfono, la cual debería hacer que el limitado número de intérpretes médicos fuesen más disponibles. Pero resulta que la interpretación por teléfono tiene sus propios problemas a la hora de interpretar: la lectura del informe médico. Otra solución sería la de formar a más intérpretes, sin embargo:

 

“Ella [Eby] dice que se tarda mucho tiempo y supone mucho dinero conseguir el certificado, y, tras haber pasado por toda esa formación, una persona puede encontrarse que él o ella puede conseguir más dinero o tener un estilo de vida más estable en otro trabajo – como el de traductor de sentencias judiciales. Eso se debe a que en la interpretación médica suelen ser [considerados] asesores y no se les pagan por los viajes. Además las horas pueden escasas y esporádicas”.

 

Así pues parte del problema y su solución potencial es financiera. La promoción de cursos debería estar dirigida, en primer lugar, en trabajar con intérpretes que ya cuentan con la experiencia general y deberían de ser cursos baratos y subvencionados. Los intérpretes médicos deberían de estar mejor pagados y deberían de existir unas diferencias mayores entre sus tarifas y las de los intérpretes sin formación para así crear un incentivo para actualizar sus respectivas formaciones.

 

Mientras tanto, animo a que la masa, el otro 97%, sea reconocido, estudiado e incorporado, no ignorado. En última instancia, al paciente debería dársele información al respecto. Algo como lo que sigue:

 

“El intérprete que le ha sido asignado es un intérprete general competente pero no cuenta con la titulación de Intérprete Médico Experto (EMI). [O, en algunos casos, “El intérprete… no tienes o apenas tiene experiencia en interpretación y no cuenta con el certificado…]. Tenga en cuenta de que el peligro de errores de comprensión es significativamente mayor cuando el intérprete no es un EMI, al igual que el peligro de un fallo de diagnóstico aumenta en el caso de que el médico no es un especialista.

 

Aquí le enumeramos algunas cosas que puede hacer para ayudar.

 

Si cuenta con un glosario bilingüe o información sobre el paciente y su estado médico lléveselas al intérprete lo antes posible.

 

¿Lo que dice el intérprete tiene sentido y encaja en el cuadro clínico? Si no, pídale al intérprete que repita, y si sigue sin entenderlo pídale una explicación de la traducción.

 

¿La interpretación es mucho más corta que el original? Si es así, asegúrese junto con el intérprete de que no ha olvidado nada.

 

No se apoye en pacientes cercanos o niños a menos de que no le quede otra alternativa. Es posible que sus traducciones se vean afectadas por su involucración emocional.

 

Interpretar es agotador. Procure ofrecerle al intérprete una pausa periódicamente.

 

Si el intérprete comete muchos errores, pida otro.

 

Y para los propios intérpretes:

 

Forma parte de un equipo médico, sujeto a ética médica. No intente intervenir en el tratamiento o diagnóstico de los médicos.

 

 

 

 

PIROPO

 

El ajetreo de la vida moderna —con la presencia de la mujer en el mercado de trabajo en pie de igualdad con el hombre, con el tiempo siempre corto de que disponemos y hasta con la comunicación masiva por Internet— ha hecho que se fuera perdiendo un hábito medieval que había perdurado hasta el siglo pasado: el cortejo mediante el piropo.

 

El nombre del gracejo galante proviene de la antigua palabra latina pyropus, que aludía a una ‘aleación de cobre y oro, de color rojo brillante’, procedente, a su vez, del griego pyropos, que significaba ‘de color encendido’ o ‘con aspecto de fuego’ y, principalmente, ‘de ojos de fuego’.

 

2014-12-16-Piropo

El Quitasol de Goya

 

Este color de pyropos, que sugiere fuego, deviene de la palabra griega pyr, pyrós ‘fuego’, un fuego que tal vez se vincule a la llama de las pasiones que van junto con el piropo. La voz helénica se ha conservado en nuestra lengua en el prefijo piro-, presente en piromanía, piromancia, pirómetro, pirotecnia, y la parte final de pyroposse forma con ops, que significa ‘aspecto, apariencia’, presente en español enoftálmico, oftalmología, óptica, de modo que, etimológicamente, piropo significa ‘con apariencia de fuego’.

 

Aunque la costumbre del piropo viene del medioevo, su nombre es más reciente: a comienzos del siglo XV piropo era ‘cierta piedra preciosa o metal brillante’, como la definía Juan de Mena; pero Quevedo la usaba culteranamente como ‘requiebro, flores, palabra lisonjera que se dice a una mujer bonita’, abriendo así el camino para donjuanes que saben valerse de la palabra como arma para sus conquistas.

 

¿Cuál habrá sido el itinerario desde el fuego o la piedra preciosa hasta la lisonja galante? Corominas observa que pyropum aparece al comienzo de la Retórica, de Arias Montano (1590), “en un contexto de incitante sensualidad” que debía grabarse en la mente de los jóvenes estudiantes, y supone que los muchachos llamarían a sus novias piropos, llevando el lenguaje de la escuela al de la calle.

 

En El mágico prodigioso (1637) de Calderón, como en otros poetas de su época, aparece piropo en un contexto de pompa y rebuscamiento:

 

[…] un rey, mayor de todos […] en su palacio cubierto de diamantes y piropos […]. 

 

Por la misma época, Quevedo elogia la boca de una mujer llamándola “tugurio de piropos”, pues la moda de aquel entonces exigía que las poesías de amor fueran escritas en la jerga afectada del culteranismo. En esa línea, Quevedo describía una sonrisa de mujer como un “relámpago de nieve entre rubíes”. Y el mismo Quevedo (1580-1645), en su jácara A una dama señora, hermosa por lo rubio, nos muestra cómo piropo se va encaminando hacia su significado actual, en este trecho citado por el propio Corominas:

 

Pues lléguese la mañana

con sus perlas y sus ostros

a sus dos labios que allá

se lo dirán en pyropos.